Gabriel me miró antes de marcharse. No dijo nada. No hacía falta. Él ya me conocía, sabía lo furioso que estaba. Declan también se fue. Agradecí que ellos siempre estuvieran ahí
cuando el mundo estaba a punto de estallar.
Minutos después, bajé las escaleras. Estaba molesto, por todo lo que había ocasionado. Crucé la sala a la velocidad de la luz. Cada paso que daba era una detonación. No lograba contener mi ira. La mansión entera pareció encogerse ante la energía que me cargaba.
La puerta de s