La conduje por el pasillo en silencio, sin decirle a dónde íbamos. Estaba inquieta, insegura, pero no hacía preguntas. Eso me gustaba. Aprendía rápido.
Al llegar a la puerta de la sala de cine, la abrí sin mirarla. Ella titubeó un segundo antes de entrar. Me adelanté y activé el sistema. Las luces se encendieron suavemente. No dije nada. Me limité a tomar el control y sincronizar lo que ya había planificado con antelación.
Ella abrió tanto los ojos que por un momento pensé que iban a salirse de