Vincet.
La vi entrar al comedor, llevaba un vestido rojo, el cabello recogido de forma sencilla y un toque de color en los labios. Su andar era torpe, inseguro.
Quise creer que era solo el vestido y una creación de Carmencita. Que todo era cuestión de maquillaje, tela y peinados. Me repetía mentalmente que seguía siendo la misma criatura ingenua que había llegado a perturbar mi paz. Pero mentirme nunca fue mi especialidad.
Se veía distinta. No transformada, aún faltaba para eso… pero la id