LA ODISEA DEL OJO DE FENRIR (II)
Sebastián se puso de pie con el pecho agitado y su cuerpo lastimado, miró ansioso a su alrededor y todo lo que vio fue oscuridad. Sin embargo, el dolor de la pérdida de Braelyn lo consumía por dentro. Era como si alguien hubiera hundido la garra en su pecho y le arrancará el corazón en carne viva.
―Braelyn… ―susurro su nombre y por primera vez desde que le dio su marca intentó llamarla.
No hubo conexión y su miedo se hizo más fuerte. Con su pata adolorida y la