Albert miraba su reflejo en el espejo del baño.
Tenía una mancha de puré de zanahoria en el hombro izquierdo de su camisa… y un calcetín de dinosaurio colgado del bolsillo trasero.
Y, sorprendentemente…
le parecía perfecto.
—Te queda bien el caos —dijo Emily desde la puerta, abrazando una taza de café—. Te hace menos CEO y más… humano.
Albert giró la cabeza, sonrió cansado y enamorado al mismo tiempo.
—¿Eso es un halago?
—Es un ascenso emocional.
Llevaban dos semanas viviendo juntos.
No en una