Narrado desde la perspectiva de Helena McNeil
Helena alisó con mucho cuidado la blusa de seda color marfil que había elegido para ese día. Se miró al espejo. Perfecta. Como siempre. Pestañas impecables, labios delineados a la perfección, y el cabello en una caída tan simétrica que daba miedo. La clase no se compra, se hereda. Y ella era la prueba viviente.
—Lista para hacer temblar Madrid —dijo para sí misma, tomando el teléfono.
Las imágenes estaban listas. Seleccionadas con precisión, retoca