HELENA
No necesitaba una confirmación. Lo había sentido. Lo había olido en el aire como un animal herido olfatea la sangre.
Albert ya no era suyo.
Y ahora, lo peor: ni siquiera fingía que lo era.
Lo espiaba. Desde el momento en que supo que su hermano Fabián había dejado el país, supo también que la barrera entre Emily y Albert había desaparecido. Lo que antes era tensión, miradas, sarcasmo… ahora se transformaba en algo más denso. Más carnal.
Más peligroso.
—¿Qué tenemos hoy? —preguntó Helena