Emily salió del edificio de Brown Enterprises con una carpeta bajo el brazo y una advertencia en su cabeza repitiéndose en bucle:
“No te ilusiones, no te ilusiones, no te ilusiones.”
Llevaba puesta una blusa crema y una falda lápiz azul marino, el mismo conjunto que había usado durante el día, pero retocado con unos tacones nuevos y un poco más de lápiz labial. Valeria había insistido: “por si acaso la cena se extiende más allá del plato principal”.
Lo cual era ridículo. Era solo una cena de ne