El despacho de Giovanni Moretti olía a madera de cedro, tabaco caro y a una historia que estaba a punto de cambiar para siempre. Carmen Silva estaba sentada frente al escritorio de caoba, sosteniendo la pluma estilográfica con una mano que, a pesar de sus esfuerzos, se sentía gélida. A su lado, Fernando López mantenía una postura rígida, con la mirada fija en el documento que sellaría la alianza entre Inversiones Silva y el imperio textil de los Moretti.
—Es un momento histórico, Carmen —dijo G