CASSANDRA
Ni siquiera me molesté en ducharme; salí disparada de mi habitación con el corazón a mil.
«Repitiendo la historia… lárgate antes de que sea demasiado tarde». Esas palabras no paraban de resonar en mi cabeza como una música de mal gusto.
Los pasillos se sentían más largos de lo habitual, y no dejaba de mirar a mi alrededor para asegurarme de que nadie me seguía.
Pasé de buscar respuestas a tener aún más preguntas. Quienquiera que escribió esa nota —quienquiera que me drogó— había esta