CAPÍTULO 29

MARCO

La furia me ardía en el pecho y ni siquiera sabía por qué.

No la había visto en todo el día, pero la había estado observando. Sentado frente a estas computadoras, vigilando cada movimiento que hacía.

No era una obsesión. Solo quería saber... comprobar... ver—¡¡joder!!

¿Cómo terminaron tan cerca? Primero, un desayuno romántico en el jardín; ella estaba toda risueña y animada. ¿Le gustaba esa m****a? Y luego se fueron al compartimento de Nathan, el único lugar donde no pude instalar
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