Esas semanas de espera se volvían un suplicio a Rosanna, y la ansiedad la arrastraba cada vez más seguido a su nidito de amor con Kamal. Allí, entre sábanas revueltas que olían a sexo y tabaco, encontraba algo parecido a la paz.
—El doctor dijo que tu hermanita estará lista en dos semanas... —murmuró él, mientras le besaba la espalda desnuda y recorría con los dedos el hueco de su cintura—. ¿Cuándo quieres hacerlo?
—Mañana.
—¿Estás loca? Hoy saliste con Amaranta. Tu marido no te va a dejar sali