Rosanna llevaba una semana en la casa y apenas la conocía. La mayor parte del tiempo permanecía en la habitación, atendida con un esmero que a ratos la sorprendía por su calidez. Su reposo no era una sugerencia, era una orden que todos tomaban muy en serio.
Cada revisión de Liliana era una pequeña ceremonia a la que Jasmine no faltaba. La enfermera permanecía a su lado como una sombra, atenta y gentil. Memorizaba las recomendaciones y se aseguraba de que Rosanna las cumpliera sin esfuerzo. Por