Pablo aún no podía creerlo: la manera como la situación se había resuelto a su favor no la habría imaginado ni el más optimista de todos. Después de haber disfrutado de un inigualable momento en la playa al lado de quien él creía ser Aileen, riendo, conversando y besándola, aumentando así su sentimiento reasegurador de estar tratando con su verdadero amor, había regresado a la zona del faro al lado de ella. Agarrados de las manos, sus pies jugando con las olas acostumbradas a morir contra