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La forma de mirar de Aikaterina era impactante. Parecía como si todo lo pudiera expresar con sus hermosos ojos verdes. Quedó sorprendido al regresar de la montaña, al ver cómo la dulce muchacha, quien había pasado encerrada en una celda todo el fin de semana, se había cortado el pie tratando de regresar a casa y había estado cerca de morir ahogada, tenía sobre la mesa del comedor un exquisito almuerzo acompañado de un refrescante y delicioso jugo. “Deberías tratar de descansar” le dijo la herm
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