Alejandro frunció el ceño al oír aquel nombre. ¿Qué pinta Martina en esta historia?
Luciana, que conocía el interés de Salvador por Martina, no se sorprendió; solo se preguntaba si él seguía insistiendo.
—¿Luciana? —insistió Salvador—. ¿Me escuchas? ¡Alejandro, de veras pasaste el teléfono?
Alejandro se encogió de hombros, divertido.
—Supón que no lo hice, ¿y qué?
—¡Oye! ¿Sigues siendo mi amigo? —bufó Salvador.
—No.
—¡Alejandro! —protestó él.
Luciana negó con la cabeza; parecían dos niños.
Decid