Él dejó escapar una risita contenida.
—Con que cenes conmigo esta noche es suficiente.
Dos segundos de silencio.
—¿Estás en Muonio? —preguntó ella, cayendo en la cuenta.
—Llegué hace un par de horas.
Luciana resopló, divertida.
—¡Pudiste haberlo dicho de frente! Me asustaste.
—¿La doctora Herrera aceptará honrarme con su presencia?
—¿En qué hotel te alojas?
—No cenemos en el hotel; vayamos a Áurea Restaurante, tu favorito.
—Perfecto.
Luciana llegó al Áurea; Enzo ya la aguardaba en un salón priva