Era la primera vez que Luciana asistía a una fiesta en alta mar y, entre la decoración y la cantidad de invitados, todo le parecía de película. A diferencia del almuerzo familiar, la cena era mucho más concurrida y a modo bufé.
Alrededor de Miguel se agolpaba medio mundo; ella decidió evitar la muchedumbre. Además, tenía hambre, así que fue directo a servirse algo y buscó una mesa libre.
Desde otra esquina, Simón se acercó a Alejandro y le informó en voz baja:
—Luciana ya llegó, está comiendo al