—¡Faltaba más! —contestó un tío entre risas—. Venimos por ese banquete; ¿cómo piensa que vamos a irnos?
En medio del bullicio apareció Juana con una bolsa de regalo.
—¡Abuelo, buenos días! ¡Qué ambiente tan animado! ¿Llegué muy tarde?
Miguel hizo una pausa y le devolvió la sonrisa.
—¿Tarde? Para verme nunca es tarde.
—¡Juana! —corearon varios, algo alborotados—. Hoy estamos casi puros parientes cercanos de los Guzmán.
—Eso, eso. Don Miguel organizó un almuerzo familiar. —El tono travieso dejaba