El agua siguió corriendo; Alejandro tardó unos segundos en procesar.
—¿Separados? —repitió, medio incrédulo.
—¿No es lo lógico? —Soltó una risita—. Con tanta gente invitada, si llegamos juntos y alguien nos ve… imagina los comentarios.
—¿Te da vergüenza ir conmigo? —alzó una ceja.
—¡Claro que no! —negó de inmediato—. Pero yo no soy Luisa, la exposición pública no me sirve de nada. Soy médico, llevo una vida tranquila y no me hace gracia que me pongan un reflector encima.
Suspiró y añadió más baj