Más tarde
Tras la partida de Luciana, Martina creyó que descansaría, pero un antiguo compañero de laboratorio —ahora asistente de su tutor— la llamó: necesitaban de urgencia un informe. Tomó la medicina, se sentía aturdida, así que decidió caminar; la facultad quedaba cerca.
Al salir del edificio, descubrió que llovía. No llevaba paraguas. Esperó unos minutos, pero el aguacero no cedía; con fiebre y todo, optó por lanzarse bajo el agua para llegar cuanto antes, soñando con una ducha caliente.
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