—Hecho.
Colgó y Alejandro se quedó con la sonrisa instalada. Luciana me invita a salir… pequeña ausencia, gran efecto, pensó.
—Conduzca más rápido, por favor —ordenó al chofer—. No quiero que Luciana espere.
***
Una hora después, al caer la tarde, el auto se internó en el centro de Muonio y se dirigió al Restaurante Ágave.
En recepción, Alejandro se anunció:
—Reservación a nombre de la señora Luciana Herrera.
—Perfecto, señor. Sígame.
Lo guiaron hasta un privado.
—Adelante, señor Guzmán.
El cama