Luciana giró… y se encontró con Alejandro. “¿Y Juana?” Se quedó muda, un signo de interrogación sobre la cabeza.
—¿Pasa algo? —susurró él sin dejar de mirarla—. ¿Tengo algo en la cara?
—No… nada. —Luciana apartó la vista, atribuyéndolo a un simple “nos sentamos donde cayó”.
Las luces se apagaron y empezó la superproducción de época del momento. Luciana, atrapada por la trama, dejó el vaso en el portabebidas del apoyabrazos. Justo cuando retiraba la mano, unos dedos cálidos la envolvieron.
¡Su co