Capítulo 842
Cuando sus ojos se posaron en la pequeña que cargaba Luciana, se llenaron de ternura:

—Esta niñita adorable debe ser Alba, ¿verdad?

Miraba a la niña con un cariño inmenso, casi conmovida hasta las lágrimas. Con los dedos apretados en puños de emoción, preguntó:

—¿Podré… abrazarla un momento?

Luciana, algo insegura, se inclinó hacia su hija:

—Alba, la abuelita quiere cargarte, ¿qué dices?

Alba observó a Victoria con sus grandes ojos, percibiendo la buena voluntad de aquella señora. Abrió sus brac
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