Después de colgar, Luciana siguió pendiente de que Alba terminara de comer.
Al poco rato, alguien apareció.
—Disculpa, Doctora Herrera…
Era Juana, luciendo un poco avergonzada.
—Hace un momento, lo siento mucho. No sabía que eras la doctora y te di órdenes como si nada.
Luciana se sorprendió un poco. “¿Patricia se lo contó?”, pensó. Aun así, sonrió al responder:
—No pasa nada. Solo te pasé un vaso y unos cubiertos, no tiene importancia.
—¿De verdad no estás molesta? —preguntó Juana, abriendo muc