Cuando sus ojos se cruzaron con los de Luciana, actuó como si no la conociera, quedándose allí con una actitud fría y erguida.
Sergio, un poco incómodo, le sonrió a Luciana.
—Luciana… —saludó con cortesía.
—Sergio —respondió ella con un ademán leve.
Alejandro, por su parte, hizo un sonido de disgusto, o tal vez de malestar, y de pronto se llevó una mano al estómago. Aquello puso en alerta a Luciana. Recordó que, hacía un par de días, en la villa Trébol, él había hecho lo mismo…
Esta vez parecía