Pero todo salió mejor de lo que esperaba. Cerca de las ocho, el supervisor se acercó con un papel en mano.
—Luciana, en la habitación número 8 te requieren específicamente. —Le lanzó una mirada significativa—. Ya sabes quién es.
Luciana comprendió al instante y tomó la nota con serenidad.
—Oye, ten cuidado —advirtió el supervisor con cierta preocupación—. Nunca había pedido a nadie en especial. No vaya a ser que quiera otra cosa…
—Tranquilo —respondió Luciana con una sonrisa—. Dudo mucho que sea