—Señor… —respondió Luciana, visiblemente incómoda—. Por favor, suelte mi brazo.
Aquel asunto prometía complicarse. Luciana pensó en usar el radiocomunicador que llevaba en la cintura para pedir ayuda al gerente, pero dudó. ¿Y si lo hacía y causaba un escándalo? Tal vez perdería la oportunidad de que el gerente le hiciera algún favor en el futuro. Incluso podría costarle el trabajo esa misma noche.
—Espera.
La voz de Alejandro irrumpió en medio de la pequeña trifulca. Luciana se quedó helada y le