—Incluso si te lo quedaste a él, ¿de qué te sirve? —comentó Mónica con una sonrisa cargada de amargura—. En su corazón, no dejará de recordarme. Aunque no me vea más, seguiré ahí, como un fantasma entre ustedes.
Para reforzar sus palabras, añadió con cinismo:
—Imagino que ya te enteraste: el “doble secuestro” fue mi propio montaje. Él lo sabía todo y, aun así, me dejó en paz. ¿Sabes por qué? —alargó la última frase con un gesto teatral—. Porque no soporta verme sufrir. Jamás me haría daño, ni si