Y vio algo moverse en la parte alta de la fachada del hospital. Parecía un enorme letrero luminoso a punto de desprenderse.
Todo pasó en un instante que se volvió eterno, como en cámara lenta.
—¡Luciana! —escuchó el grito desesperado de su padre.
Ricardo se abalanzó contra ella, empujándola para apartarla de la trayectoria. En ese mismo instante, Martina, que regresaba con la botella de agua, oyó el estruendo monumental.
—¡Pum!
El letrero cayó con un estrépito que hizo temblar el suelo y levantó