—¿Una vida? —Luciana matizó—. Tu mamá tenía apenas unas pocas semanas de embarazo. Era un embrión, no llegó a formarse un ser completo.
—¡Eres muy cruel! —la increpó Mónica.
Luciana sonrió con frialdad:
—Te noto muy afectada, ¿será por solidaridad entre “amantes clandestinas”? Tiene sentido. Tú también naciste de la infidelidad de tu madre, así que comprendo que sientas empatía por ese hermanito o hermanita, hijo de otro engaño.
Sus palabras sonaron tranquilas, pero cada frase era una daga.
—¡Tú