Alejandro entrecerró los ojos mientras observaba a Luciana. Le vino a la mente la idea de qué pasaría si, alguna vez, ellos dos se separaran… ¿se lanzaría ella a atacar a quien interrumpiera su felicidad, del mismo modo que hoy defendía a Fernando?
Pero enseguida desechó la idea. Era demasiado aterradora, demasiado ajena a su realidad. Él no iba a perderla, nunca.
Se acercó con cautela y se sentó junto a ella. No dijo nada, esperando a que fuera Luciana quien rompiera el silencio. Y así fue.
Vol