Suspiró. Al ver la tristeza que se dibujaba en el rostro de Luciana, Alejandro soltó a su vez un leve suspiro.
—¿Otra vez dices que lo entiendes? No, no entiendes nada.
—¿Eh? —Luciana alzó la cabeza, confundida.
—Me encargaré de sacar a Marc. —Alejandro decidió ir directo al grano. Su voz sonaba con una mezcla de resignación y ternura—. Pero quiero que sepas que, aunque parezca más sencillo para mí que para otros, en realidad la fuerza que tengo que emplear es la misma.
“Si no fuera por ti, no t