Luciana sabía que tenía fuerza de voluntad, pero desconfiaba de las reacciones de Alejandro. Cuando él se proponía algo, no la dejaba en paz.
—No… no… —susurró, sacudiendo la cabeza con angustia.
Se suponía que solo deseaba saber quién era el padre biológico del niño, nada más. ¿Por qué, de repente, todo tenía que cambiar solo porque era Alejandro? ¿Debía reconocerlo y darle el lugar que tal vez reclamara?
—Pero… es distinto, porque… es Alejandro.
¿No tenía él derecho a saber que era el papá? Un