Al mediodía, Luciana almorzaba con Martina. Apenas se sentó, soltó un bostezo. Martina la miró fijamente, notando las ojeras debajo de sus ojos.
—¿Qué te pasó? ¿A qué hora te dormiste anoche?
—No lo sé, debió ser después de la medianoche.
Martina le dio un consejo:
—No te desgastes solo pensando en ganar dinero con trabajos extras, cuida tu salud.
—Sí, ya lo sé. —Luciana respondió con algo de vergüenza, sin atreverse a confesar que la razón por la que no había dormido bien no era por la traducci