—¡Alejandro Guzmán!
—Está bien, ya entendí. —Él alzó ambas manos en señal de rendición—. Te prometo que me voy cuando termines de ducharte y te acuestes. El baño está resbaloso y prefiero quedarme para asegurarme de que no te pase nada.
¡Qué atento!
Luciana, molesta, se giró con un movimiento brusco y se metió a la habitación.
No pasó mucho tiempo antes de que, al salir de la ducha, se encontrara a Alejandro esperando con una toalla limpia. Sin darle oportunidad de replicar, él se adelantó:
—Dej