Luciana se quedó sin habla, con la boca entreabierta.
—¿Me estás amenazando por leer un par de libros? ¿No es una exageración?
—Luciana… —él pronunció su nombre con los dientes apretados. Mientras terminaba de acomodarle la manta, se detuvo un segundo, como tratando de serenarse—. ¿Qué edad tienes? ¿De verdad no entiendes? Te faltan menos de tres meses para dar a luz.
Frunciendo el entrecejo, ella comprendió la raíz de su preocupación.
—¿Estás tan pendiente de mi embarazo? ¿Te asusta que pase al