Había varios platos, todos en porciones pequeñas, lo justo para que pudiera probar cada uno sin sentirse demasiado llena.
Con solo probar el primer bocado, supo que era la sazón de Amy. Hacía un tiempo que no comía su comida y la había extrañado bastante, así que disfrutó cada bocado con evidente placer. Aunque estaba disgustada con Alejandro, jamás se privaba de comer bien. No veía la necesidad de castigarse a sí misma por un enojo pasajero.
Alejandro le sonrió casi imperceptiblemente; admiraba