—… —Martina parpadeó, un poco incómoda—. Tal vez he estado estudiando demasiado para mis exámenes…
—Lo suponía —asintió Vicente, frunciendo el ceño—. Pues aprovecha la comida que pedimos y come bien…
En ese momento, sonó el timbre.
—¡Ha llegado el servicio de comida! Voy a recogerlo —dijo él, yendo hacia la puerta.
—Puf… —Martina soltó un largo suspiro de alivio, como si por fin pudiera deshacerse de un gran peso.
Luciana, que observaba todo con aire cómplice, se rió bajito.
—Tranquila, no te so