Levantó la voz al final, con un gesto adusto:
—¡Lárgate!
Los ojos de Luisa se abrieron con pánico, reflejando el temor que le producían la furia y la determinación de Alejandro. Murmurando su frustración, dio media vuelta y huyó llorando.
Al irse ella, un silencio incómodo se instaló entre Luciana y Alejandro. Ella apretó los labios y no supo qué decir.
—Luciana, yo… —empezó él, aún ansioso por aclararlo todo—. No es lo que estás pensando. Aquella noche salí con Salvador y los demás a tomar algo