Alejandro apenas podía imaginar lo que Luciana, tan joven, había vivido. Y lo peor era saber que todo se debía, en gran medida, a Ricardo.
Lo más irónico era que él, en su momento, llegó a malinterpretarla una y otra vez, sin comprender la verdadera magnitud de lo que Ricardo había hecho. Porque, más allá de lo que Mónica pudiera o no exagerar, la realidad incuestionable era que Ricardo había fallado rotundamente como padre. No había protegido ni cuidado de sus dos hijos, al punto de convertirlo