Él forzó una sonrisa:
—Lo que entiendo es que, suceda lo que suceda, eso no cambia lo nuestro.
«¿Cómo que no cambia?»
—Tal vez para ti no cambie nada, pero en mí sí cambió —replicó Luciana con firmeza—. Admito que antes me gustabas mucho y me ilusioné con la idea de seguir a tu lado para siempre.
—Sigue con esa idea —retrucó él, mirándola con intensidad—. Es la correcta.
Ella negó con la cabeza, esbozando una mueca amarga:
—He renunciado a esa idea… ahora simplemente… me rindo.
—No te rindas… —é