—Jamás —respondió Luciana, con un hilo de voz interrumpido por una sonrisa llena de lágrimas—. Solo puedo agradecerle, profesor. Muchísimas gracias.
—A mí no, dale las gracias a tu esfuerzo. Eres tú quien no se rindió a pesar de las adversidades.
—Sí… —musitó, parpadeando para contener el llanto.
Delio asintió con afecto:
—Si logras la admisión directa, podrás formar parte estable del cuerpo médico del hospital y avanzar en tu carrera académica. Vale la pena intentarlo. Esperemos con paciencia,