—Primo… Ricardo estuvo buscando a Luciana y… ella terminó llorando, incluso me gritó.
Del otro lado de la línea, Alejandro guardó silencio, pero su enfado era evidente.
—Lo tengo claro. Mantén los ojos bien abiertos y, si pasa algo más, llámame de inmediato.
—Claro.
Tras cortar la llamada, Alejandro se quedó un momento sosteniendo el teléfono con tal fuerza que estuvo a punto de doblarlo. «¡Ricardo Herrera!» ¿No se suponía que estaba débil, casi al borde de la muerte por su enfermedad? Pero aun