—¿Estás segura? —masculló—. Tú misma dices que tanto te preocupa Pedro. ¿No crees que se preguntará por qué su hermana no desayuna con su cuñado?
Esa frase la dejó aturdida por un segundo y, en ese instante de duda, él la arrastró suavemente hacia el comedor.
—No vas a salir. Desayuna conmigo. Después podrás ver a Pedro cuando terminemos.
Entre forcejeos, Luciana quedó sentada en una silla… precisamente frente a Mónica, quien, taco en mano, se detuvo al verla.
—Ah… hola —saludó Mónica, dejando a