Mientras más lo pensaba, más se molestaba. Tomó aliento y continuó:
—Sí, acepté casarme contigo para complacer a tu abuelo, pero no me vendí por completo. Sigo teniendo mi dignidad y mi propia visión de las cosas, y pienso conservarlas.
Sin agregar nada más, le dio la espalda y salió de la habitación rumbo a la biblioteca.
Por su parte, Alejandro se aflojó la corbata con impaciencia, sin conseguir que el aire le llegara a los pulmones con la calma que necesitaba.
***
Ya pasaban de las once de la