—¿Tienes sed? —preguntó de inmediato, ofreciéndole un termo—. Es té de pera; bébelo despacio.
—Gracias —respondió Luciana, tomando el recipiente y sorbiendo con cuidado.
—Ya casi llegamos a la ciudad. ¿Adónde quieres que te lleve?
—A la clínica universitaria de la UCM —contestó.
—¿Hoy también trabajas? —inquirió él, frunciendo el ceño.
—No, solo debo entregar unos documentos. En cuanto los deje archivados, habré terminado.
Al oírlo, la expresión de Alejandro se relajó un poco y ordenó al chofer