Capítulo 33
Suspiró y sacudió la cabeza.

—Solo quería darte las gracias. Gracias por defenderme.

Alejandro se quedó perplejo. «¿He escuchado bien?» se preguntó.

De repente, se llevó una mano al abdomen; le dolía.

—Alejandro… —Luciana se inclinó hacia él, preocupada, y puso su mano sobre su vientre.

Lo miró a los ojos, y en ese momento, los suyos parecían dos estanques de mercurio, uno blanco y otro negro, reflejando solo a Alejandro.

El corazón de Alejandro se ablandó. Pero al instante, ese momento se desva
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