Cuando Alejandro llegó a la habitación de hospital, descubrió que su abuelo Miguel aún seguía despierto.
—¿A esta hora por aquí? Se supone que deberías estar en Isla Minia, acompañando a Luciana.
—Ella está descansando —respondió Alejandro, y al mencionar a Luciana, sus facciones se suavizaron de inmediato—. Dentro de un rato volveré con ella.
—Entonces, ¿qué te trae por aquí? —inquirió el abuelo.
—Abuelo, alguien intentó secuestrar a Luciana —soltó Alejandro sin rodeos—. Si no fuera porque actu