Alejandro abandonó el hospital y se dirigió de prisa a Isla Minia. Durante todo el trayecto, no pronunció una sola palabra. Simón, a su lado, sentía en el ambiente la tristeza que emanaba de él.
Con los ojos cerrados, Alejandro repasaba las escenas más dolorosas de su infancia: el recuerdo de su padre marchándose en el auto mientras él, todavía un niño, corría tras él gritando “¡Papá, no te vayas!” sin recibir respuesta. Su madre también falleció poco tiempo después… Más tarde, viajó a Canadá en